7-Regreso a Ítaca

 Si vas a emprender el viaje a Itaca
 pide que tu camino sea largo,
 rico en experiencia, en conocimiento.
 A Lestrigones y a Cíclopes,
 o al airado Poseidón nunca temas,
 no hallarás tales seres en tu ruta
 si alto es tu pensamiento y limpia
 la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
 Ni a Lestrigones ni a Cíclopes,
 ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
 si no los llevas dentro de tu alma,
 si no es tu alma quien ante ti los pone.
 Pide que tu camino sea largo.
 Que sean numerosas las mañanas de verano
 en que, con placer, felizmente,
 arribes a bahías nunca vistas;
 detente en los emporios de Fenicia
 y adquiere hermosas mercancías,
 madreperlas y coral y ámbar y ébano,
 perfumes deliciosos y diversos,
 cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
 visita muchas ciudades de Egipto
 y con avidez aprende de sus sabios.
 Ten siempre a Itaca en la memoria.
 Llegar allí es tu meta.
 Mas no apresures el viaje.
 Mejor que se extienda largos años;
 y en tu vejez arribes a la isla
 con cuanto hayas ganado en el camino,
 sin esperar que Itaca te enriquezca.
 Itaca te regaló un hermoso viaje.
 Sin ella el camino no hubieras emprendido.
 Mas ninguna otra cosa puede darte.
 Aunque pobre la encuentres, no te engañará Itaca.
 Rico en saber y vida, como has vuelto,
 comprendes ya qué significan las Itacas.
  
 Konstandinos Kavafis 

6-No es que muera de amor

  No es que muera de amor, muero de ti....

 Muero de ti, amor, de amor de ti,
 de urgencia mía de mi piel de ti,
 de mi alma, de ti y de mi boca
 y del insoportable que yo soy sin ti.
 Muero de ti y de mi, muero de ambos,
 de nosotros, de ese,
 desgarrado, partido,
 me muero, te muero, lo morimos.
 Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
 en mi cama en que faltas,
 en la calle donde mi brazo va vacío,
 en el cine y los parques, los tranvías,
 los lugares donde mi hombro 
 acostumbra tu cabeza
 y mi mano tu mano
 y todo yo te sé como yo mismo.
 Morimos en el sitio que le he prestado al aire
 para que estés fuera de mí,
 y en el lugar en que el aire se acaba
 cuando te echo mi piel encima
 y nos conocemos en nosotros, 
 separados del mundo, dichosa, penetrada, 
 y cierto , interminable.
 Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
 entre los dos, ahora, separados,
 del uno al otro, diariamente,
 cayéndonos en múltiples estatuas,
 en gestos que no vemos,
 en nuestras manos que nos necesitan.
 Nos morimos, amor, muero en tu vientre
 que no muerdo ni beso,
 en tus muslos dulcísimos y vivos,
 en tu carne sin fin, muero de máscaras,
 de triángulos oscuros e incesantes.
 Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
 de nuestra muerte , amor, muero, morimos.
 En el pozo de amor a todas horas,
 inconsolable, a gritos,
 dentro de mi, quiero decir, te llamo,
 te llaman los que nacen, los que vienen
 de atrás, de ti, los que a ti llegan.
 Nos morimos, amor, y nada hacemos
 sino morirnos más, hora tras hora,
 y escribirnos y hablarnos y morirnos.

Jaime Sabines.

5- Vuelve

Vuelve muchas veces y tómame

Sensación amada, vuelve y tómame

Cuando se despierta la memoria del cuerpo

Y un viejo deseo cruza de nuevo por la sangre

Cuando los labios y la piel recuerdan

Y sienten como si volvieran a tocar.

Vuelve muchas veces y tómame en la noche,

Cuando los labios y la piel recuerdan.

Constantin Kavafis